Ya estaba preguntándome qué habría pasado con la segunda parte del artículo de Cyan mag, sobre las tarjetas de visita del diseño español, y pensando en publicar nuestra propia selección de trabajos, cuando la semana pasada a través de @TwittBoy me entero de que llegaba el fin de las tarjetas de visita: “El iPhone sustituye a las tarjetas de presentación. Una aplicación permite olvidarse del papel y dar a conocer nuestros datos de manera más eficaz”. ¿Cóóómo? Así que ávidamente me empapé del artículo.
Todo viene de CardCloud aplicación pensada para iPhone, iPad e iPod Touch “que busca reemplazar las tarjetas de presentación”. La información de tu LinkedIn se traslada a la aplicación. De este modo puedes compartirla y tener en tu dispositivo todos los contactos que hagas y la posibilidad de acceder a sus perfiles. Otra de las ventajas de este sistema es su servicio de recolección de tarjetas en conferencias. “Imagina todas las tarjetas de presentación que puedes intercambiar cuando asistes a un evento”.
Evangelista de Apple y sus aplicaciones como cualquiera, le eché un vistazo al vídeo de presentación. Lo cierto es que el tono era más comedido “Compatible with paper cards” y sube su grado de optimismo en el cierre con el slogan: “Leave your cards at the office”. Después instalé el app en mi móvil.
El entusiasmo del redactor va en aumento y adelanta que la información de Facebook y Twitter podría sincronizarse en un futuro. Con lo que demuestra que no ha probado el invento, hablo en presente al escribir que además de las mencionadas te permite dieciséis más.
El artículo es muy “pro” y finaliza augurando la cercana despedida a las tarjetas de visita.
Al editar la tarjeta en CardCloud la información se distribuye a su antojo: no hay diferentes diseños ni la posibilidad de cambiar la maquetación para que quede más o menos curioso cuando se introducen datos con cierta longitud de línea. Con el resultado final en pantalla, la verdad es que no logro identificarme mucho. Parece que no habla de mí. Y eso que al pinchar sobre el icono de LinkedIn aparece todo mi curriculum en vivo y en directo. Siempre he creído que una persona es más que un cargo o un curriculum y las pistas que te da una conversación de unos minutos dice mucho de si hay entendimiento y posibilidad de colaboración en un futuro. Aunque haya habido un contacto previo, imaginar toda una base de datos con un montón de estas tarjetas me da un poco de vértigo. ¿Cómo distinguirse tanto en lo profesional como en lo personal? ¿Se leerán los perfiles? ¿Cómo hacer que te recuerden?
Una tarjeta es un modo de cómo se quiere ser visto, una vía de acercamiento e incluso una presencia silenciosa (adjetivo importante). Además de un buen elemento mnemotécnico.
Los más tecnológicos tienden a calificar como obsoletos usos y prácticas ajenos a su entorno dejándose llevar por la novedad. La experiencia del día a día nos invita a ser más prudentes.
CardCloud parece una aplicación útil para gestionar los contactos, pero, que toda mi información esté a disposición de los asistentes a una conferencia… La idea está bien cuando una piensa en el uso que le puede dar, pero cuando imagina el uso que le pueden dar los demás ya no tanto.
El día a día en Omán quizás me habrá hecho más sensible, pero la información que revelan unas tarjetas va más allá de sus datos impresos. Unas enganchan, otras dejan indiferente… algunas no hacen justicia a la profesionalidad del servicio, otras ocultan ciertas carencias. En conclusión, transmiten sensaciones que un listado o una plantilla no posee.
Llega a tal su abanico de posibilidades que de mera herramienta de comunicación puede convertirse en un pequeño objeto de deseo. Podría relatar casos de tarjetas que la gente tiene como adorno en su escritorio.
No hace falta ser de Omán o un fan irreductible del papel para dejarse cautivar por este elemento. En ocasiones son pequeñas obras maestras capaces de enganchar al más reacio. A diario nos encontramos con profesionales de muy distintas áreas que en cuanto ven algunos de los proyectos hechos en esta casa, después de tocar, mirar y remirar preguntan cuál pueden llevarse.
No es extraño oír voces que auguran el final del papel en sus diferentes presentaciones. Luego el debate se tiende a dividir entre los muy digitales o los defensores más acérrimos, sin llegar a reflexionar sobre los beneficios de cada mundo y la integración como vía de éxito.
El papel por su ductilidad y su capacidad de reinventarse a través de las especialidades poco a poco se irá transformando en un sentido del cuidado, una declaración y el esmero por alentar sensaciones.
Las tarjetas impersonales, que no aportan “algo más” y son mero trámite están abocadas a la extinción. Aquellas que realmente sean “personales” en cuanto a transmitir, ya sea una forma de mirar el mundo a través de un diseño o una manera de comunicar atributos profesionales, sobrevivirán sin problema en la era tecnológica.
¿Por qué renunciar a las bondades de un elemento comunicador en detrimento de otro cuando unidos forman un tándem más fuerte?
La segunda parte llegará
Pero, como decís en Twitter, las hay espectaculares cuando evolucionan.
No cambio mis tarjetas en cartón maravillosas, que me hicieron los chicos de OMAN (y que aparecen en la foto de arriba), por ninguna aplicación!!! pero reconozco que no soy objetiva…y la reacción de todo el mundo cuando doy una tarjeta es positiva, genera un comentario, en fin…nos diferencia. Gracias OMAN!!!